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Sevilla, 9ª de abono, 20 de abril
| Sevilla, 9ª de abono, 20 de abril |
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| escrito por silvia | |
| Saturday, 21 de April de 2007 | |
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Sevilla - 9ª de abono / Viernes, 19 de abril de 2007 Manzanares, intenso y apasionante Le cortó las dos orejas al sexto de Zalduendo, un buen toro entre una corrida desrazada. El Juli firmó un notable trasteo al quinto, logrando un trofeo. Morante no pasó de discreto. TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Zalduendo, mal presentados y muy desigualados. Noblón el primero. Desrazados segundo y tercero. Se paró el cuarto, muy castigado en varas. Se dejó el quinto. Noble el último, con clase. ESPADAS: -Morante de la Puebla, de negro y oro, silencio tras aviso y silencio tras aviso. -Julián López 'El Juli', de turquesa y oro, silencio y una oreja. -José María Manzanares, de nazareno y oro, silencio y dos orejas. INCIDENCIAS: Plaza llena. MANUEL VIERAcrónica MATITO fotografías Sevilla TorosComunicación. - El toreo de José María Manzanares es un manantial del que no deja de manar agua cristalina. Y hay quienes saben recogerla con la consideración que merece. Así lo ha hecho esta tarde el público maestrante ante la elegancia y la serenidad con la que planteó la faena al sexto toro el joven diestro de Alicante.
La pureza de las excelsas formas de Manzanares es la denominación más brillante que se desprende de un toreo coherente, sentido, profundo, de creciente interés y tan lento en su perfecta ejecución que se hace infinito. Y derivando hacia una calidad incuestionable que casi alcanza la cima.
No hubo la más mínima banalidad en la fenomenal faena, que discurrió por unos parajes repletos de sensibilidad y con el sentimiento a flor de piel, y una trascendencia mágica que llegó como un obús a los repletos tendidos. Casi me parece imposible encontrar en el recuerdo versión más primorosa, bella y emocionante de un ajustado, lento e interminable natural, de un cambio de mano enlazado con el remate de pecho que ni siquiera lo he visto pintado en un lienzo. Ni trincheras con tanto empaque llevadas a cabo con semejante intensidad y pasión. La faena de de Manzanares al sexto “zalduendo” ha sido modélica, y constituyó lo mejor de una tarde, triste y aburrida durante más de hora y media, e intensa y apasionante en su epílogo.
Manzanares, que anunció con las verónicas a compás lo que vendría después, inició faena empándanos de emoción con un antológico cambio de mano, para continuar con series con la diestra de una lentitud y profundidad encomiables. Después vendrían los ligados e interminables naturales perdidos en el tiempo enganchando la embestida por delante y llevándola larga, larga, muy larga… para firmar lo hecho con la contundente estocada. Dos orejas. Sensacional. Al tercero, sin fuerza y a la defensiva, no pudo hacer otra cosa que lidiarlo con reconocida voluntad.
También El Juli ofreció con el quinto un extraordinario toreo en redondo. Series con la derecha de muleta por delante, de templado, hondo, y ligado trazo. Firmeza en el madrileño y serena profundidad en dos tandas con la izquierda de trazo flexible, ligado y rematado con emotivos pases de pecho. Si bien no se puede escribir de faena cumbre, la notable calidad de los muletazos de El Juli fue emocionante. La estocada, con perfecta ejecución de la suerte, le certificó el justo trofeo. Con el flojo segundo, todo quedó en vanos intentos, y hasta la espada, esta vez, falló.
En la creación artística de Morante, marcada por la obsesión del detalle permanente –acaso obligado- no abunda, sin embargo, la diversidad en los más clásico de su toreo. Quizá por esto resulta insólito que en algunos de sus intentos de faenas haya no más de dos muletazos iguales. Morante, esta tarde, no se acopló con el noble, aunque soso, primero y se pasó de metraje con presunta intención en los prólogos con el cuarto, sin clase y flojo, estando, incluso para muchos, al borde de lo insoportable. Fue la tarde del Morante imbuido por el gusto del detalle y que raramente pasó los confines del entretenimiento. Ni el resultado de los emotivos remates prendió en la gente. En realidad fueron dos chicuelinas muy sevillanas, y un quite por majestuosas verónicas lo más destacable del sevillano de La Puebla.
Mal de fondo demostraron cada uno de los toros de Zalduendo. Corrida chica -el tercero era menos que un novillo- impresentable para esta plaza, descastados y sosos en general. Sólo el quinto, noble y con más recorrido, y el sexto, el de mayor calidad en la embestida, salvaron del naufragio al ganadero que lidiaba sus toros por partida doble en este ciclo. TorosComunicación Fotografías Matito. |
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| Modificado el ( Saturday, 21 de April de 2007 ) |
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