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Articulos de Tauromaquia
Apoderados... por Noelia Jiménez.
| Apoderados... por Noelia Jiménez. |
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| escrito por silvia | |
| Thursday, 04 de June de 2009 | |
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Apoderados. "...Se despeñó la suerte de El Cid por el abismo de una Feria infausta y, al otro lado de la barrera, tras echarle el cierre a una tarde para olvidar, su apoderado aguardaba delante de los micrófonos -y hablo en singular con conocimiento de causa-. No cruzó palabra con ninguno de los medios. Ni un saludo. Ni siquiera un gesto, de esos que no hace falta acompañar de palabras porque llevan el sentimiento cosido en los poros de la piel. Nada. Como si no nos conociera a ninguno. Como si se hubieran olvidado de que en el toreo somos siempre los mismos, para bien y para mal, cuatro gatos mal avenidos, pero cuatro al fin y al cabo..." Noelia Jiménez.- Se despeñaba la tarde, plúmbea y gris, por entre los ladrillos del patio de caballos. A lo lejos, brillos ajados en trajes de luces que esperaban mayor gloria. Con todo, gesto sereno, mirada al frente y cabeza alta. El Cid atravesaba la arena venteña, de lado a lado, con sabor a hiel en los labios y poca templanza en el ánimo, consciente de que acababa de explotarle en las manos el último cartucho de un reencuentro con Madrid que, según iban cayendo las hojas del calendario, se convertía, sin solución de continuidad, en desencuentro abúlico, pleno de melancolía y ayuno de grandeza. El toreo es así. Todos, hasta los más grandes, han tenido tardes. Y rachas. Y temporadas enteras. De no encontrarse, de no sentirse. De no verlo claro. De no tener suerte. De no. Siempre de no. Y no ha pasado nada. Porque siempre se agazapa un sí al otro lado de los vuelos de la muleta. Y aquí paz y después gloria. Y orejas. Y puertas grandes. Y laureles. Y palmaditas en la espalda. Pero no. Esta temporada no fue así. Se despeñó la suerte de El Cid por el abismo de una Feria infausta y, al otro lado de la barrera, tras echarle el cierre a una tarde para olvidar, su apoderado aguardaba delante de los micrófonos -y hablo en singular con conocimiento de causa-. No cruzó palabra con ninguno de los medios. Ni un saludo. Ni siquiera un gesto, de esos que no hace falta acompañar de palabras porque llevan el sentimiento cosido en los poros de la piel. Nada. Como si no nos conociera a ninguno. Como si se hubieran olvidado de que en el toreo somos siempre los mismos, para bien y para mal, cuatro gatos mal avenidos, pero cuatro al fin y al cabo, condenados a entendernos porque nos tenemos que ver una tarde tras otra, aquí y allá, haga calor o frío. Y así una feria tras otra. Se le olvidó. Se le olvidó el señorío. Y, en lugar de pedirnos, mientras esperábamos todos al torero, que no hiciéramos preguntas, esperó a que le tuviéramos delante e hiciéramos el mismo gesto que, tarde tras tarde, hemos repetido con cada torero que abandona la plaza, para conocer su opinión sobre el festejo. Para darle la oportunidad de expresarse. O de no decir nada. Pero, sobre todo, para cumplir con nuestra obligación de informar. Esperó, decía, a que le tuviéramos delante, para levantar la mano, apartar el micrófono y sentenciar con un agrio "Dejadlo, por favor". ¿Saben? Una, por periodista que sea, también tiene su corazoncito. Y si alguien le pide que no haga preguntas a una persona que no encuentra fuerzas para responder, una no las hace. Es así de mala profesional. Mala profesional, pero buena gente. Creo. Y respetuosa. Pero, a partir de ahora, habrá que medir los respetos. No para con El Cid, desde luego, que me parece buen torero y mejor persona, sino para con un apoderado que, en lugar de hacer las cosas con el señorío sevillano que se le presume, se dejó llevar por la hiel de una feria echada a perder y perdió las formas con unos profesionales del periodismo que -ellos, nosotros, sí que no- no llevaban hiel en los micrófonos. Noelia Jiménez es periodista taurina de TeleMadrid. |
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| Modificado el ( Thursday, 04 de June de 2009 ) |
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