| José Tomás versus Castella en Pontevedra. |
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| escrito por silvia | |
| Sunday, 03 de August de 2008 | |
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Sol y calor de más de treinta grados para la ciudad mágica de las nobles tierras del Norte. Pontevedra vestida de fiesta y color para rendir todos los honores a la primera tarde de toros de las ferias de 2008. Las tradicionales “peregrinas”. Ambiente excelente y multitud ávida de arte y pasión… Lleno absoluto en la plaza. Las últimas entradas disponibles para presenciar el evento taurino se habían puesto a la venta a las diez de la mañana, nueve horas antes de la corrida. Aficionados de verdad guardaron rigurosa cola a lo largo de la noche, noche cálida y estrellada. Aquellos cuyas gestiones prometidas y juradas fallaron de repente, o los otros que hasta ese momento no habían tenido posibilidad de adquirir una localidad…, todos juntos en la eterna espera del preciado pase. A las siete de un sábado que regalaba cielos de azules imposibles y calores propios de las siestas españolas, la magia tiñó de luz los corazones pontevedreses y los llegados de cualquier otra parte de la amplia geografía mundial… En la ciudad, José Tomás…y su ofrenda de obsequios divinos. Astados de El Torreón, de buenas hechuras, para Finito de Córdoba, José Tomás y Sebastian Castella. En el coso taurino expectación y muchas ansias de triunfo. Música, el sonido grato de los pasodobles más famosos, y el de las canciones típicas que suelen acompañar cualquier celebración festiva. Rostros felices y anhelantes, sonrisas, y caras de personalidades conocidas, como la del empresario Fernando Fernández-Tapias, siempre fiel a sus orígenes. Finito de Córdoba obtuvo silencio y silencio tras aviso, encontró escasas opciones en su lote, aunque lo intentó y se mostró muy voluntarioso. José Tomás cortó oreja con impresionante petición de la segunda y dos orejas. Su toreo es comparable al título del aria del último acto de la ópera Turandot, “Nessun Dorma”, nadie duerma traducido del italiano… que nadie despegue un segundo la mirada de lo que el torero de Galapagar ejecuta en el ruedo, porque todo lo que hace, absolutamente todo, es memorable. Diestro siempre, la estampa taurina, esos andares, la elegancia exquisita… José Tomás vestía un traje de color tabaco y oro, impresionó a los aficionados, que no dejaron de alabarle y aplaudirle. Su primera intervención fue soberbia, saludo majestuoso a la verónica, una faena construida con arte y maestría a partes iguales, trateo de impresionante intensidad, chicuelinas de escándalo, muletazos muy hondos, magnitud y torería de verdad en todo el conjunto, cuánta pureza. La auténtica definición del orgasmo en palabras del exquisito pintor Humberto Parra. Quienes hallaron explicación a la negativa del presidente a conceder al diestro madrileño la segunda y más que merecida oreja dicen que el motivo fue una estocada baja… José Tomás, que antes había gozado de la perfecta participación del francés Castella, regresó al ruedo más deseado que las lluvias de mayo. El segundo de su lote tuvo que ser devuelto, y fue en ese instante cuando la tragedia sobrevoló las tierras pontevedresas. Un extraño error del torilero y del personal de la plaza tuvo consecuencias que pudieron ser nefastas para el primero, que afortunadamente se recupera, dentro de la gravedad, de sus heridas. Salió el sobrero. José Tomás interpretó entonces otra actuación cargada de magia, qué maneras, qué perfección, torea como un ángel, se expone, arriesga como nadie, cómo cita, enamora, borda sus misterios, extrajo muletazos de calidad indescriptible, sobre todo por el pitón derecho, ofreció temple, toda su valentía, y mató de una estocada más que perfecta. Castella, muy fresco y alegre, tampoco defraudó. Oreja y oreja tras aviso para un toreo elegante y soberbio. Mucha ligazón en la primera de sus faenas, mucha clase en un torero que entusiasmó, que se vanagloria de competir con los grandes, los que le motivan… naturales de un trazo asombroso y un buen espadazo. El último astado de la tarde de gloria se encontró con un Castella más que dispuesto, hambriento de triunfo y aplausos, y el público pudo contemplar una faena sólida, muy inteligente, de gran transmisión, muy redonda y rotunda. Cuando la tarde empezaba a caer en Pontevedra, con su manto de luz, y los calores se hacían más soportables, José Tomás y Castella abandonaban la plaza a hombros, satisfechos, aclamadísimos… entre ovaciones y olés, y con ellos se iba la magia, esa estela de leyenda que acompaña a los dioses y a los inmortales. El francés regresará este domingo al coso pontevedrés, aguardado con ilusión, pero José Tomás pasó y se fue, como lo hacen los Reyes Magos allá en los fríos eneros, llegó en mitad de la más absoluta expectación, dejó su fantasía en forma de regalos, y brindó a la afición la posibilidad de seguir soñando… Vino y se marchó, pero, mientras su noble figura estuvo en la ciudad, Pontevedra no pensó ni en crisis ni en hipotecas que suben y suben, José Tomás acaparó todas las atenciones. Fotografía Barca. |
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| Modificado el ( Sunday, 03 de August de 2008 ) |
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