| Tercer artículo de Miguelina Duarte. |
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| escrito por silvia | |
| Friday, 09 de May de 2008 | |
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Hoy es viernes y por lo tanto es día de Miguelina Duarte. Tercer artículo de esta enigmático/a escritor/a. LA REVOLUCIÓN O EL TOREO “Cómo voy a creer/dijo el fulanoque el mundo se ha quedado sin utopías” Trazos de rojo y negro. En el carmín de una boca, en la camisa del Ché. Murmullo alegre que se apaga cuando el guerrillero de dulce mirada alarga el paso, sin escolta, para trasponer con inquieta curiosidad el portón del patio de cuadrillas. Por allí alargó su sombra hasta una barrera. Era la primera vez en su vida que se exponía a la tragedia sin ser protagonista. Con aromas de burdel aún prendidos en su ropa se sentó en la primera fila pocos minutos antes de que comenzara el espectáculo. Encendió un puro y se acomodó, como buenamente pudo. Trasnochado y malherido de amores, pensó que no era su tarde, que tal vez hubiera sido mejor eludir la invitación de aquel amigo de la noche, que, con los ojos encendidos, no paraba de repetirle la grandeza del toreo. Aquél ser curioso de serio semblante, de coleta natural, de silencios no ensayados que, sin saber leer ni escribir, le había disertado durante horas, con la lucidez de un filósofo. Brillos de plata y oro. En el solemne paseíllo, en un bolso distraído sobre un regazo, en la mirada del Ché. Silencio y…ovación. Ni una arenga militar, ni un alegato apasionado, ni un desfile enardecido, provocaban, ni por asomo, aquellas sublimes reacciones. Era la seducción sin ser provocada. Entonces entendió Guevara por qué hablaban de Belmonte como un revolucionario. Y rogó, en esas creencias tan suyas, tan secretas, las no le permitían expresar por si temblaban los cimientos ideológicos del Movimiento, que algún día gobernara su país alguien con el temple de Manolete, con la sobriedad y austeridad de Joselito el Gallo, con la inteligencia y sensibilidad de Ignacio Sánchez-Mejías; con la pasión gitana de Francisco Vega de los Reyes. Entonces comprendió que la verdadera revolución está dentro de uno mismo. Si de visiones y pensamientos está escrita la biografía de los líderes, aquella tarde de toros fue su revelación. No es posible progresar sin sutileza, no es creíble lo que no es Verdad. En esas horas que, poco a poco, fueron trayendo la caída de la tarde, vio reflejada toda su vida. Había buscado argumentos a veces sin éxito…y estaban ahí. En una estructura de belleza insuperable donde cada cosa tenía su tiempo y su sitio: la jerarquía, el respeto, el valor, la destreza, la admiración y el arte. Jamás hubiera imaginado que el discurso más certero se lo dieran en silencio. Observó que las trincheras de la vida son los burladeros donde se esconde el miedo, que el mayor enemigo del hombre es él mismo, que la fuerza no tiene sentido sin la inteligencia, que en la profundidad del alma piden salir los más ciertos propósitos, que se puede ser muy hombre casi vestido de mujer, que es un error exiliar la belleza. Que con un capote por toda defensa se estaba reivindicando todo lo que tiene sentido en la vida. Y, lo más escalofriante, que infundir fervor en una multitud, previamente ganado, se puede lograr con una faena antológica. No son necesarias, a veces, muchas veces, las palabras. Volteó a ver al gentío, cuidando de no quemar a nadie con el habano encendido, tratando de no molestar al vecino ubicado, conteniendo su semblante para que el bullir de emociones que azotaban su interior no explotara en ese instante. “Quieren muestras de valor que les infundan confianza, quieren un líder de verdad, sin máscaras ni falsas corazas, quieren que les gobiernen gentes con la cara lavada y sin más vestiduras que su honestidad”, pensó. Se levantó antes de que se diera muerte al último de la tarde. Buscó al silencio como compañía para lograr dar forma a lo que El ya había bautizado “La Revolución del Toreo”. Miguelina Duarte. |
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| Modificado el ( Friday, 09 de May de 2008 ) |
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