Datos de Interes
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La Monumental de Sevilla. (IV)
| La Monumental de Sevilla. (IV) |
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| escrito por silvia | |
| Thursday, 14 de February de 2008 | |
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Reportaje de Mª Carmen Menacho.
PRINCIPALES EFEMÉRIDES EN LA CORTA VIDA DE LA MONUMENTAL BALANCE TEMPORADA 1918: El hecho de que el primer año celebrase la Monumental de Sevilla hasta 25 festejos, atestigua su feliz alumbramiento. Joselito toreó las cinco corridas que se celebraron ese año y uno de los festivales. Cortó siete orejas. Ejerció el mando con los plenos poderes que le otorgó la afición, rendida ante la evidencia de su superioridad torera, que se recreció hasta el colmo en esta su queridísima plaza. Sus compañeros, en general, muy lucidos con un ganado que sabiamente eligió José para bien de todos: toreros y espectadores. Curro Posada, que cortó tres orejas en cuatro tardes y Fortuna que se hizo con un apéndice en tres corridas, fueron los más aplaudidos. Valerito prodigó sus excelentes estocadas. El público pudo vislumbrar los múltiples aciertos de Curro Martín-Vázquez. Cumplió Limeño (José Gárate) y volvió a convencer el buen lidiar del sobrio Saleri II. Por su parte Pepe Camará sobresalió por su típico banderillear a topacarnero. En el apartado de novilladas, las 18 que se celebraron en la primera temporada de la Monumental, tuvieron un excelente resultado. Arrasó Sánchez-Mejías con lo indómito de su valor. Fascinaron los naturales de Juan Luis de la Rosa. Muy notable el completo lidiar de Emilio Méndez, el “madrileñísimo” de Lavapiés, que después, incomprensiblemente, no actúo como matador de toros en Sevilla. Buen estoqueador fue Ventoldrá y enorme la decisión del asturiano Casielles. Formidable El Andaluz la tarde que mató cinco toros de Santacolomas y uno de Garvey, por las cogidas de sus compañeros. TEMPORADA 1919 Joselito estuvo insuperable. Se agigantó sobre sí mismo y superó su propia meta de éxitos en las diez corridas que toreó en la Monumental de Sevilla, en el año 1919. En esa decena de corridas conquistó trece orejas con el aditamento de un dúo de rabos. Sus contrincantes reconocieron su supremacía y se esforzaron, no con la intención de ganársela, sólo con el deseo de no hacer el ridículo a su lado. Ningún torero fue más admirado que José por sus compañeros. Se recrecieron los que con él alternaron. Su cuñado Ignacio Sánchez-Mejías se jugó la vida, hasta el extremo de perderla, si fuera necesario. A veces forzó las suertes, arriesgando en ellas mucho más de lo debido. Lidió con temeridad y sus pares de banderillas por dentro y clavando en lo alto con los pitones besándole la faja y el chaleco, constituyeron algo que causaba estupor. El 28 de abril de 1919 y con toros de Pablo- Romero, tuvo Sánchez Mejías, en la Monumental de Sevilla, el mayor de sus triunfos, que fueron muchos y rotundos. Con los aceros no tuvo tantos aciertos. Consumó Valerito mejor que nunca la muy difícil y bellísima suerte del volapié, en la que era el mejor. Vio Camará lidiar desde muy cerca de José y quedó asombrado para el resto de sus días. Veintidós años después de ser testigo directo de las grandiosidades de Joselito, le preguntó Manolete (su poderdante): - ¿Pepe, sigue usted creyendo que el maestro José el Gallo, era mucho mejor que yo? José Flores Camará, le respondió: - Nadie puede ni siquiera soñar que se pueda ser mejor que mi tocayo Joselito. Te tolero la pregunta porque tú Manuel no lo viste y yo no te lo he sabido explicar. No, no se puede explicar, porque era un imposible de superar en toda la vida del mundo. Fortuna se arrimó tanto que, como Curro Posada, terminó loco (los dos precisaron de tratamiento psiquiátrico). No coincidieron con Joselito en el cartel Paco Madrid, Angelete y Zapaterito. Espiritualmente le brindaron sus triunfos, con toros de López Plata, la tarde del 17 de agosto de 1919. Seis soberbias estocadas bastaron para que la media docena de astados rodara sin puntilla en la arena de la Monumental. El día más torero que vivió Sevilla fue el 28 de septiembre de 1919, con media hora de diferencia, tomaron la alternativa Juan Luis de la Rosa en la Monumental y Chicuelo en la Maestranza. Al uno lo apadrinó José (Gallito) y al otro Juan (Belmonte). No hubo fecha más gloriosa en toda la Edad de Oro del toreo (1910-1920). Nunca tan invencible Joselito en el patio de su casa, ni tan insuperable Belmonte, cuando su genio templaba en la patena del dorado albero maestrante. Euforias en las novilladas de este año de 1919, en el coso de San Bernardo. Con frenesí aclamó el respetable a los triunfadores: Pérez Rivera, Hipólito, Paquito Facultades, Casielles, Rafaelillo Varela y más aún a Correa Montes y Juan Luis de la Rosa. Ovaciones constantes y estruendosas a estos novilleros que hicieron posible una temporada colosal en la Monumental de Sevilla. TEMPORADA DE 1920 Apenado por la muerte de su madre retorna Joselito de su campaña taurina en Perú. Se le alegra el corazón al volver a ser aclamado en el patio de su casa, los días 22 y 23 de abril del año de la tragedia de Talavera (16 de mayo). No hay brillantez en las postreras corridas abrileñas en la Monumental, regida por los que también son empresarios de la Maestranza. Está deslucido Manolo Belmonte y se encuentra desambientado su hermano Juan, que es abroncado con fuerza. Acierta Varelito, como era habitual en él, con la espada, y falla Sánchez Mejías a la hora de la verdad, tras poner a la gente en pie en los otros tercios. Algo se lució Chicuelo. Los festejos de la feria de 1920 en la plaza grande son el reverso de los años anteriores. Muy reciente el drama de Joselito al celebrarse el 3 de junio la corrida de la Prensa. La torean el mexicano Luis Freg, el quismondeño Dominguín y el madrileño Pepe Valencia. No están mal, pero no entusiasman. Son Navarro, el trianero Manuel Maera, el antequerano Facultades y Joselito de Málaga los que mejor quedan en las cinco finales novilladas. Salió bravísimo Confuso, con el hierro de Villamaría, y equivocó a Juan Sánchez Jumillano, que, por confundir terrenos y distancias, no pudo con él. Por San Miguel, con ganado de Pérez Concha, tuvo lugar el último acontecimiento. En homenaje póstumo a Gallito los espadas le brindan una corona de flores. En esa corona el clavel del calor de Manolo Belmonte, el azahar de la gracia de Chicuelo y también el jazmín del estilo primoroso del desventurado Granero. Es de ocho toros esta postrera corrida. Con dolor en el alma, llanto en el corazón y luto en el vestido de luces, mira Rafael al cielo. Le dedica a su hermano la más eterna de sus fabulosas faenas. En Talavera expiró José, y en Sevilla el arte de los toros será inmortal. Corta Rafael el Gallo las dos orejas para que todos recuerden que en la sevillana plaza que existió en el barrio de San Bernardo, está el perenne e invisible Monumento a la Tauromaquia de José. Tiemblan los cimientos del coso y su arquitectura se resquebraja. Murió Joselito y se enterró la plaza de toros Monumental de Sevilla. Sus glorias no se olvidan.
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