Noticias Taurinas
Noticias Taurinas (Agosto)
Crónica desde El Puerto de Santa María.
| Crónica desde El Puerto de Santa María. |
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| escrito por silvia | |
| Monday, 20 de August de 2007 | |
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Impresentables 'zalduendos'
Una corrida impropia para El Puerto por chica y fea. Castella triunfó en el quinto cortando dos orejas. Muy buena actuación del local Alejandro Morilla, que sustituía a Cayetano, cortando una oreja, al igual que Ponce. TOROS: Se han lidiado toros de Zalduendo, impresentables, chicos, feos, flojos y mansos. Destacó el quinto. ESPADAS: -Enrique Ponce, silencio y oreja. -Sebastián Castella, silencio y dos orejas. -Alejandro Morilla, oreja y ovación tras aviso. INCIDENCIAS: Se desmonteró Curro Molina tras dos excelentes pares de banderillas. Casi lleno. MANUEL VIERA (TorosComunicacion).- El Puerto de Santa María No escuché durante los últimos años en esta plaza una bronca con más fundamento que la dedicada al palco presidencial tras aparecer en el ruedo el impresentable segundo toro de Zalduendo. Se puso en pie la plaza, llena casi al completo, gritando, abucheando, agitando pañuelos para manifestarse impotente ante la incompetencia de los que permitieron salir al ruedo semejante animalito. Y es que feo favor le han hecho a la empresa quienes le hayan metido este monumental gol en la última corrida de una temporada interesante en toros y toreros. Insignificante, por chica, fea y descastada, corrida de Zalduendo para plaza tan emblemática como la portuense, con el papel casi vendido por el tirón de las figuras. Figuras que comparten culpabilidad por consentir y… exigir, a veces, estas “becerredas”. Ni que decir tiene que no le echaron cuenta a Castella con el anovillado animal. La lidia transcurrió entre las protestas y la impotencia de un público que pagó y llenó la plaza al reclamo de toreros y de toros. Y ya se sabe, lo primero sin lo segundo de nada sirve. Tuvo que ser con el quinto, el más potable, de los mansos y parados “zalduendos” con el que Sebastián Castella pudo quedarse quieto con su desesperado deseo de que se iniciaran las embestidas. Y así fue, en los medios, como comenzaron a surgir muletazos zurdos con una quietud y verdad trágica desmesurada. Hay en Castella tal apetito de triunfo que cada tarde provoca más miedo con tal de llegar a la apoteosis de un nuevo éxito. En este caso, la faena del francés a este quinto tuvo momentos significativos de emotivo toreo. Lo más llamativo fue el natural, largo, profundo y ligado en un palmo de terreno, convincente por verdad y notable ejecución. Incluso muy superior a los también hilvanados muletazos diestros. El espadazo desató la emoción y las dos orejas fueron a parar a manos del francés. Alejandro Morilla, sustituto de Cayetano, le echó un pulso a unos de los toreros más indómitos de la actualidad: Castella, huésped habitual del miedo y autor de faenas en las que sobresale el valor y la quietud y sobran banalidades. Pues Morilla desveló con el tercero una inagotable capacidad para seducir a sus paisanos: se quedó quieto, impávido en los medios, mirando a la fiera, y allí fue, al cite del torero, en su busca, para que al escaso metro de la llegada cambiar el viaje y seguir el trapo rojo ofrecido con valor. No hubo demasiado ajuste en el pase, pero sí un emocionante toreo con el que atrapó irremediablemente a su gente. La faena transcurrió sin alcanzar demasiada nota, pero ahí quedó un toreo de trazos despaciosos y expresivos y detalles de muy buen gusto, y aunque la estocada resultó tendida bastó para pasear una oreja pedida con demasiada pasión. El portuense se fue a portagayola para recibir al sexto y lancear de capa despacio y ceñido, para ligar después notables muletazos diestros aprovechando el claro y noble recorrido del “zalduendo” en una faena muy cuidada y bien razonada. No tuvo continuidad el trasteo con la izquierda, pero sí demostró Morilla, entrega, valentía y hambre de triunfo en un arrimón de órdago. Tenía ganada la oreja cuando la espada le jugó la mala pasada. Enrique Ponce no logró, con el parado primero, trasmitir la sencillez y la serena grandeza de su toreo, pero sí con el cuarto, un toro manso en los primeros tercios y sin humillar, al que Ponce, con perfecta técnica y depurado oficio, supo después meter en el engaño. En consecuencia, la sencillez frente a los banales alardes preciosistas, y todo acompañado por el encanto y el refinamiento de unas formas capaces de emocionar a la gente, fue el toreo que Ponce desmenuzó. Porque siendo cierto que hubo momentos de poca intensidad, también hubo otros en los que el torero de Chivas desgranó a izquierda y a derecha los más apasionante de su de su tauromaquia. Con una estocada baja precedida de pinchazo firmó lo hecho. Una oreja.
TorosComunicación. |
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| Modificado el ( Tuesday, 21 de August de 2007 ) |
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